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Se cumple la primera semana de trabajo de la Convención Constituyente. Entramos así en el proceso de la primera constitución de nuestro país con real participación ciudadana. Esto último es de extrema importancia, ya que significa que cada persona en Chile ha tenido y tiene la oportunidad y responsabilidad de ejercer parte de la soberanía a través de los constituyentes elegidos y que recién iniciaron funciones.

El 1 de julio de 2021, la Agrupación de Universidades Regionales de Chile, integrada por 22 casas de estudios del país, invitó a los y las constituyentes a una reunión que tuvo por fin ofrecerles todas las capacidades de nuestras instituciones, con el propósito de contribuir y aportar capacidades en lo que sea necesario para el cumplimiento de sus tareas e, incluso, disponer de nuestros espacios para su trabajo. Esta sería una clara señal de descentralización y un gran ejercicio de participación ciudadana.

Por su parte, el Consorcio de Universidades del Estado (CUECH), acordó poner a disposición sus instalaciones con motivo de la falla técnica ocurrida el primer día de sesiones de la Convención y los demás recursos tecnológicos y de seguridad sanitaria para los/as constituyentes. Se establecieron los contactos necesarios y todo quedó listo para que la sesión se realizara en dependencias de la Universidad de Chile, si el “problema técnico” no era superado. Un equipo interdisciplinario de especialistas de la misma Universidad se constituyó en la sede de la Convención, evaluó la situación y aprobó su uso para el día siguiente, además de dar recomendaciones para pasar de ese cumplimiento mínimo de condiciones a un estado ideal para el importante trabajo que deben desarrollar los constituyentes. Este apoyo no fue improvisado, porque el ofrecimiento se había hecho antes.

Pero el apoyo va más allá de las infraestructuras y la logística. Nuestras universidades ponen a disposición una larga tradición de vinculación con el medio, con las comunidades y territorios en que nos desenvolvemos. Conocemos y hemos estudiado las realidades y problemas de estas comunidades y territorios, tan desiguales, invisibles e ignoradas.

Desde las universidades públicas podemos enriquecer la inevitable reflexión crítica asociada a este proceso. Llevamos meses pensando y debatiendo sobre los aspectos que deberían incluirse, a través de seminarios, encuentros y publicaciones que han puesto de relieve temas como género, medioambiente, inclusión, diversidad y, muy especialmente, la educación que queremos.

Poner especial atención en la educación del futuro ha sido destacado en múltiples escenarios y fue relevado en el Programa  “Tenemos que hablar de Chile”, impulsado por la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile, que durante meses dialogaron con miles de personas, concluyendo que para la mayoría de ellas la educación es un tema absolutamente prioritario para el país.

Las universidades públicas tenemos una vocación republicana y de servicio. Prueba de ello es que hemos formado a gran parte de quienes hoy tienen la misión de redactar la nueva constitución. Es esta vocación la que nos lleva a brindarles toda la colaboración posible, conscientes de que está en juego el futuro de corto, mediano y largo plazo de nuestro país.