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Durante jornada de análisis organizado por la Cámara de Diputados, el rector Patricio Sanhueza criticó el abandono del sector por parte del Estado.

 

 

El estado chileno abandonó a la educación pública, si es que no ha fomentado intencionalmente su destrucción, pero nuestro país tiene la oportunidad de revertir esta situación mediante la nueva Constitución, afirmó el rector de la Universidad de Playa Ancha, Patricio Sanhueza.

La autoridad fue uno de los expositores en la jornada temática “La Educación Pública que Queremos”, organizada por la Comisión de Educación de la Cámara de Diputadas y Diputados y el Centro de Investigación para la Educación Inclusiva de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

El objetivo de la jornada era analizar el sentido de la educación pública, su evaluación y proyecciones. Patricio Sanhueza participó como rector de la UPLA y presidente de la Agrupación de Universidades Regionales (AUR).

En su exposición, puso como ejemplo el caso de Finlandia, cuyo sistema educacional pudo conocer personalmente años atrás. La estrategia de ese país para lograr el desarrollo en pocas décadas consistió en priorizar la educación pública, gracias a un acuerdo político apoyado por todos los sectores. Actualmente, la educación finesa es un ejemplo mundial de calidad, pero también ha permitido que el país ocupe los primeros lugares en cuanto a su calidad de vida.

Como contrapartida, Sanhueza se refirió a lo que llamó el “abandono grosero” de la educación pública en Chile, al menos desde la promulgación de la Constitución de 1980, que afectó a todos los derechos sociales. En el caso de la educación, pasó de ser un derecho a un bien de consumo. Además, esa constitución debilitó el derecho a la educación al mismo tiempo que ampliaba la libertad de enseñanza. Describió este último aspecto como “una puerta lo más amplia posible, no solo para la educación básica y media sino para instalar colegios, institutos profesionales, centros de formación técnica, universidades… prácticamente sin marco regulatorio, y por lo tanto no hubo ninguna preocupación por la calidad de la formación”.

Mercado pernicioso

Aunque se suponía que el Estado jugaría un rol subsidiario, no lo hizo y ni siquiera se preocupó de la educación, mucho menos de la pública. Además, dijo Sanhueza, “se incorporó el lucro, que es otro pecado tremendo, porque la educación no es para lucrar”.

Si bien los efectos de esta introducción del mercado dañaron a todo el sistema educacional público, aseguró el rector de la UPLA que fueron más notorios en la educación superior, debido a un mal diseño del mecanismo de financiamiento y a que se obligó a las universidades estatales a competir entre ellas y con las privadas.

Ese mecanismo, afirmó, “es malo” y “para que una universidad pública no se desvíe de su rol, debemos tener un sistema de financiamiento que subsidie a la oferta y no a la demanda”, como ocurre actualmente.

Pese a las deficiencias, aseguró el rector Sanhueza, las universidades estatales “jamás abandonaron su rol de institución pública, pero, como no tenían recursos, se vieron obligadas a crear carreras con mercado para poder financiar internamente a las carreras que Chile necesitaba pero no tenían mercado”.

Un claro ejemplo de esta situación lo constituyen las carreras pedagógicas, que son esenciales para formar a los formadores de las nuevas generaciones de profesionales. En Finlandia, los profesores tienen un rango social similar al de los médicos, pero en Chile no reciben la misma valoración, por lo que las pedagogías no resultan atractivas.

Por este motivo, el rector opinó que la nueva constitución debe incorporar esa valoración: “Mientras no tengamos profesores bien reconocidos, más nos va a costar tener personas talentosas interesadas en estudiar pedagogía”.

“La educación es el futuro de cualquier país. Pensar en ella con una mirada a largo plazo es el camino de las correcciones y de transitar a otros estadios de desarrollo como país y como sociedad”, concluyó el rector Patricio Sanhueza.